Calibrar un atomizador es una tarea fundamental para lograr tratamientos eficaces y optimizar los costes de aplicación. El primer paso consiste en ajustar la velocidad de avance, generalmente entre 3 y 4,5 km/h, buscando siempre una cobertura uniforme de la masa foliar sin provocar excesos de caldo. El objetivo es mojar bien hojas y ramas exteriores sin llegar a chorreos continuos, ya que estos indican exceso de producto.
Cada equipo presenta características distintas, por lo que calibrar un atomizador implica adaptar parámetros como velocidad, caudal y distribución del aire a su capacidad real de trabajo. Factores como el tipo de boquillas, su número y calibre influyen directamente en la calidad del tratamiento. Es habitual trabajar con boquillas de 1,5 a 1,8 mm, ajustando su uso según la presencia de vegetación, y evitando pérdidas innecesarias cerrando las inferiores cuando no son necesarias.
Además, la presión debe regularse para conseguir un tamaño de gota adecuado y una buena penetración en la copa del olivo. Un protocolo eficaz incluye pruebas en campo para comprobar el mojado real y registrar los parámetros óptimos para repetir lo que funciona.
Te lo explico todo en este vídeo.

