Mejorar el rendimiento graso del olivar no depende de una acción puntual, sino de una estrategia integral que abarque el manejo del suelo y de la planta durante todo el año. Una gestión preventiva y sostenida es más efectiva que una intervención tardía y correctiva, siendo clave para lograr campañas con mayores rendimientos.
El estado del suelo es fundamental. La agricultura química está acabando con la buena calidad de los suelos. Cuando hay baja materia orgánica o el suelo está degradado, los fertilizantes químicos resultan menos eficaces, ya que falta estructura y actividad biológica para liberar y asimilar los nutrientes. La incorporación de enmiendas orgánicas como compost estabilizado, restos de poda triturados o cubiertas vegetales bien gestionadas mejora la fertilidad a medio plazo y potencia la respuesta a los fertilizantes minerales, generando una nutrición más equilibrada y frutos con mayor contenido lipídico.
Una buena nutrición no se basa solo en productos, sino en planificación y constancia a lo largo del año. El potasio es esencial para el llenado de aceite, pero su efectividad depende de la disponibilidad previa de otros nutrientes como nitrógeno, fósforo, azufre, calcio, magnesio y micronutrientes.
Finalmente, la poda y una buena gestión de la cubierta vegetal también son factores determinantes. En conjunto, estas prácticas, aplicadas con constancia, elevan el contenido de aceite del fruto y mejoran la estabilidad de las cosechas a lo largo del tiempo.
Te lo explico todo en este vídeo.

