El cuaje de la flor en el olivar es una fase determinante para la cosecha. La clave para favorecer un buen cuajado está en el estado general del árbol: un olivo bien nutrido y vigoroso desde el inicio del ciclo tiene muchas más probabilidades de lograr un cuaje estable y uniforme. Más que buscar soluciones rápidas, como un tratamiento para el cuaje de la flor, el enfoque debe centrarse en crear las condiciones adecuadas para que el proceso se produzca de forma natural.
Aunque existen productos con micronutrientes como boro, molibdeno o magnesio que pueden mejorar ciertos procesos fisiológicos, su efecto es limitado si el cultivo presenta carencias de nutrientes esenciales. Por ello, cualquier tratamiento para el cuaje de la flor debe entenderse como un complemento dentro de un programa nutricional equilibrado, y no como una solución aislada capaz de corregir deficiencias estructurales del olivar.
La estrategia más eficaz pasa por una planificación integral: análisis de suelo y hoja, aportes equilibrados de nutrientes, control del estado hídrico y seguimiento continuo del cultivo. Preparar al olivo con antelación, asegurando buenas reservas, permite afrontar la floración con mayor garantía de éxito. Así, el cuaje se produce en mejores condiciones y se reduce la caída de fruto, logrando cosechas más estables y rentables campaña tras campaña.
Te lo explico todo en este vídeo.

