En muchos olivares tradicionales aún es habitual encontrar árboles con varios troncos que generan copas demasiado grandes y dificultan la recolección mecanizada. En este contexto, quitar un pie al olivo de forma planificada se ha convertido en una práctica cada vez más extendida para transformar olivos de dos pies en árboles de un solo tronco, con copas mejor formadas en 360 grados, aceituna de mayor calibre y un acceso más cómodo para el paraguas o el vibrador.

El proceso comienza eligiendo la pata más recta, sana y vigorosa como futuro tronco principal. Sobre ella, se hace un corte de formación que estimula la emisión de ramas alrededor del tronco. Mientras esta copa se forma y entra en producción, la pata vecina se mantiene como apoyo productivo, pero se va reduciendo progresivamente: se eliminan ramas laterales y brotaciones que compitan por luz y espacio.

El momento adecuado para quitar un pie al olivo llega cuando la nueva copa ya tiene ramas bien distribuidas, ha dado una o dos cosechas y empieza a interferir con la pata acompañante. En ese punto se corta definitivamente el tronco secundario. Tras uno o dos años, el olivo suele mostrar una copa redondeada, bien adaptada a la mecanización, con mejor distribución de cargas y frutos de mayor tamaño. Esta transición gradual permite mejorar la estructura del árbol, reducir pérdidas de producción intermedias y ganar eficiencia en la recolección a medio plazo.

Te lo explico todo en este vídeo.

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