El manejo que se hace de un olivar tiene un impacto directo sobre el cuaje y desarrollo de la flor del olivo. Aunque el calor y la falta de humedad suelen señalarse como principales responsables de la caída de flores, la realidad demuestra que una gestión adecuada del suelo, la nutrición y la poda pueden marcar grandes diferencias en la capacidad del árbol para mantener fruto incluso en condiciones adversas.
En olivares donde se ha implantado cubierta vegetal sin una gestión adecuada, se observan flores completamente deshidratadas y escaso crecimiento de nuevos tallos, comprometiendo no solo la campaña presente, sino también la siguiente. La flor del olivo es especialmente sensible al estrés provocado por la competencia por agua y nutrientes, por lo que controlar la hierba en el momento oportuno se convierte en una práctica esencial para mantener explotaciones rentables y productivas.
Te lo explico todo en este vídeo.

