A veces, nos puede resultar complicado diferenciar entre deficiencia o daño ante un problema en nuestro olivar. Cuando vemos ramas con hojas amarillas o caídas y la aceituna aún colgando, la reacción habitual es pensar en carencias de potasio, boro o enfermedades como repilo o antracnosis. Sin embargo, el primer filtro debe ser siempre el conjunto: si el olivar presenta en general un color verde oscuro, buena brotación y producción uniforme, es poco probable que el problema sea nutricional generalizado o un patógeno extendido.

En muchos casos, lo que parece una deficiencia nutricional es en realidad un daño mecánico localizado. El uso de vibradores manuales durante la recolección puede descortezar la base de una rama y cortar la circulación de savia. Esa rama deja de recibir “riego interno”, el árbol prioriza el fruto y las hojas terminan debilitándose o cayendo. Visualmente, el aspecto puede confundirse con una carencia de boro o potasio, pero la causa real está en una herida puntual, no en la fertilización ni en el suelo.

Por eso, el diagnóstico práctico debe seguir una secuencia clara: observar el conjunto del olivar, comparar varios árboles, valorar si los síntomas son generales o puntuales y revisar de cerca la corteza en la base de las ramas afectadas. Si el resto del árbol está sano y vigoroso, no tiene sentido insistir con más tratamienos foliares. La solución pasa por sanear en poda las ramas dañadas, evitar que queden “feas” y sin función, extremar el cuidado en la recolección y planificar plantaciones y mecanización pensando en reducir heridas. Por lo tanto, antes de culpar a la nutrición, conviene preguntarse si el problema es realmente una deficiencia o daño físico.

Te lo explico todo en este vídeo.

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