Como siempre digo, la rentabilidad de una finca se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: el control adecuado de la cubierta vegetal, una poda equilibrada, buen estado nutricional y fitosanitario y el cuarto pilar es la planificación. Cuando se producen fallos en la gestión en uno o varios de estos aspectos, las consecuencias pueden ser graves e incluso irreversibles. En la finca que vemos en el vídeo, provincia de Jaén, con riego por goteo limitado y manejo convencional, la acumulación de decisiones desacertadas —cubierta sin control estratégico, poda excesiva y abandono nutricional en años secos— ha generado un claro deterioro estructural y productivo.

La competencia de la cubierta vegetal en condiciones de sequía reduce el vigor del olivo y agrava el estrés hídrico. Si a ello se suma una poda demasiado drástica, que elimina varetas protectoras y deja madera expuesta, aparecen quemaduras solares, descortezados y mayor vulnerabilidad a patógenos. Estas prácticas debilitan la capacidad del árbol para mantener una copa funcional y comprometen su estructura productiva a medio plazo.

La falta de un plan nutricional adaptado a escenarios de baja pluviometría completa el círculo vicioso: sin nutrientes suficientes, el olivo no puede rebrotar con fuerza ni cerrar heridas. La lección es clara: prevenir siempre es más eficaz que reparar. Controlar la cubierta para no generar competencia, podar en el momento preciso y sostener la nutrición incluso en sequía son claves para evitar daños duraderos y garantizar la viabilidad del olivar.

Te lo explico todo en este vídeo.

Quizá también te pueda interesar…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario