En el manejo del olivar, la forma en la que realizamos los cortes de la poda es determinante para la salud y longevidad del árbol. Cuando se trata de cruzar un costado entre dos pies, surge la duda de si el corte debe hacerse recto o con cierta inclinación. La experiencia en campo demuestra que no se trata solo de “cortar”, sino de entender cómo va a reaccionar el árbol y cómo afectarán factores externos como el agua o el peso de las futuras brotaciones.

Un aspecto clave es que el corte sea ligeramente más largo por la parte exterior que por la zona de la cruz. De este modo, las varetas o brotes que aparezcan tenderán a salir hacia fuera, evitando que se concentren en el interior del árbol. Para conseguir este efecto, el corte no debe ser totalmente recto, sino más bien amplio y controlado, buscando siempre dirigir el crecimiento y mejorar la aireación y la entrada de luz en el olivar.

Además, es fundamental tener en cuenta la evacuación del agua. Un corte completamente plano puede provocar que el agua de lluvia se estanque, favoreciendo enfermedades y pudriciones. Por eso, se recomienda realizarlo con una ligera inclinación, ya sea hacia delante o hacia atrás. Esta pequeña pendiente, conocida como inclinación a los cortes de vida, permite que el agua escurra correctamente, protegiendo la madera y asegurando una poda más eficiente y duradera en el tiempo.

Te lo explico todo en este vídeo.

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