En la finca que vemos en el vídeo, una finca mixta de Córdoba, con manejo ecológico conviven almendros de variedad Soleta y olivos Hojiblanco y Picual, lo que exige una planificación precisa de las labores. En este contexto, la floración del almendro destaca por su homogeneidad y abundancia, marcando un inicio de campaña prometedor. La coordinación de tareas como la recolección del olivar, la poda y el tránsito de maquinaria resulta clave para mantener el equilibrio productivo en un sistema diverso.

El manejo del arbolado se centra en mejorar la estructura y la eficiencia productiva. En el olivo, especialmente en Hojiblanco, se aplican podas que favorecen la entrada de luz y la renovación de madera, mientras que en el almendro se opta por intervenciones más intensas para equilibrar cantidad y calidad de la cosecha. La trituración de restos y su incorporación al suelo contribuyen a mejorar la materia orgánica, un aspecto esencial en explotaciones de secano.

Durante la floración del almendro, la estrategia sanitaria se basa en la prevención, con aplicaciones de cobre para reducir el riesgo de enfermedades como la monilia. A ello se suma el control de la cubierta vegetal para limitar la competencia hídrica y favorecer el desarrollo del cultivo. Esta combinación de poda, manejo del suelo y vigilancia fitosanitaria permite afrontar la campaña con mejores garantías, optimizando la producción y la sostenibilidad del sistema.

Te lo explico todo en este vídeo.

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