En esta finca ecológica de Montoro, tras la recolección de finales de diciembre, realizamos una poda adaptada a la escasez de agua y a un marco de plantación modificado. La reducción de densidad, eliminando un olivo por línea hace tres campañas, ha permitido ajustar el volumen de copa por hectárea y mejorar el vigor del olivar. Con unas producciones en torno a 40 kg por árbol, se confirma que adaptar la estructura del olivar al agua disponible es clave para mantener rendimientos estables, aunque la deshidratación reduzca los kilos totales.
Dentro de este planteamiento, la limpia de olivos jóvenes juega un papel fundamental. La poda se centra en retirar chupones del centro y levantar las ramas bajeras para facilitar la recolección con paraguas, manteniendo siempre suficiente ramón para evitar quemaduras solares. Además, se gestionan cuidadosamente los “cortes de vida”, conservando los bien posicionados y orientando la brotación hacia el exterior para favorecer una copa abierta y funcional.
El manejo se completa con la eliminación de la cubierta vegetal. La renovación de ramas se inicia de forma temprana, alrededor de los 14 años, evitando la acumulación de madera vieja y favoreciendo una brotación exitosa cuando entra la luz. Aunque el olivar pueda mostrar un aspecto castigado tras la cosecha y la sequía, la experiencia demuestra una buena recuperación en primavera y confirma la eficacia de una estrategia de poda y renovación gradual.
Te lo explico todo en este vídeo.

