El manejo del olivar, tanto en riego como en secano, comparte una base común. Aspectos como la poda, el control de la cubierta vegetal y la correcta nutrición del cultivo son fundamentales para garantizar una finca productiva. En este contexto, el riego actúa como un complemento que permite compensar la falta de precipitaciones entre campañas.

Una gestión eficiente del riego pasa por evitar que el olivo se vuelva dependiente del aporte constante de agua. Es importante que el árbol conserve su rusticidad y capacidad de adaptación a condiciones adversas, características propias del manejo en secano. Un olivo “duro”, bien equilibrado, responderá mejor al riego puntual, aprovechando el agua de forma más eficiente sin comprometer su resistencia natural.

Por ello, el enfoque más recomendable consiste en gestionar las fincas de regadío como si fueran de secano, utilizando el riego como una ventaja estratégica y no como la base del sistema. Este planteamiento permite optimizar recursos, mejorar la sostenibilidad del cultivo y mantener un equilibrio productivo más estable a largo plazo.

Te lo explico todo en este vídeo.

Quizá también te pueda interesar…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario