El mejor momento para realizar los tratamientos de otoño en el olivar depende de varios factores como el tipo de plantación, el estado hídrico del árbol y el riesgo de enfermedades fúngicas. En zonas como Jaén, donde la recolección puede extenderse, esta decisión debe tomarse en función del ritmo de la campaña y las condiciones climáticas.
En olivares superintensivos y con riego, especialmente con variedades como Arbequina, se recomienda hacer dos tratamientos: uno antes de la cosecha y otro después, ya que la presión de hongos como el repilo y la antracnosis es mayor en estos sistemas.
En cambio, en olivares tradicionales de secano, más comunes en Jaén y con recolecciones tardías, el tratamiento antes de la cosecha suele ser más eficaz para prevenir infecciones otoñales, especialmente si se realiza tras las primeras lluvias. Aunque el tratamiento post-cosecha puede ayudar en la recuperación del olivo y la cicatrización de heridas, si se aplica muy tarde (por ejemplo, en diciembre), rara vez corrige infecciones ya iniciadas. Además, aplicar fungicidas cuando el repilo ya está inoculado tiene poca eficacia, por lo que el momento ideal está ligado tanto a la humedad como al buen estado fisiológico del árbol.
En campañas con cosechas muy tardías, los tratamientos post-cosecha pueden coincidir con los primeros tratamientos de primavera, que suelen comenzar a partir de mediados de febrero.
En resumen, para sistemas superintensivos se aconsejan tratamientos en precosecha y poscosecha, mientras que en olivares tradicionales es más efectivo intervenir antes de la recolección y, si es necesario, reforzar con un tratamiento post-cosecha enfocado en la recuperación del árbol.
Te lo explico todo en este vídeo.

