En esta finca de olivar picual en secano y manejo ecológico, con árboles de unos 35 años y marco 9×9, los problemas productivos venían arrastrándose desde hacía campañas. El diagnóstico inicial señaló un manejo deficiente de la cubierta vegetal y, sobre todo, un exceso de volumen de copa y de madera por hectárea. La presencia de maderas envejecidas y ramas fuera del paraguas limitaba la carga productiva incluso en años con lluvias favorables.

La estrategia de poda se orientó a mejorar la relación hoja-madera mediante una poda de renovación progresiva y a adaptar el volumen de copa a las condiciones de clima y suelo. En este planteamiento se comprobó que no siempre es necesario el corte de vida, especialmente cuando la cruz del olivo está baja. En estos casos, se opta por elevarla eliminando ramas con cortes cercanos al tronco, bien ejecutados para favorecer la cicatrización y evitar problemas de pudrición, aprovechando el invierno para asegurar una buena respuesta del árbol en primavera.

Como alternativa al afrailado, la apertura controlada de huecos de luz permite inducir brotaciones en el tronco y formar nuevas ramas a la altura óptima. La renovación se realiza de forma secuencial: primero se establecen las nuevas estructuras y después se elimina la madera vieja. Tras reducir hasta un 50 % el volumen de copa, la finca respondió con una recuperación clara del vigor y alcanzó una cosecha récord tanto en kilos de aceituna como de aceite, confirmando la eficacia de una renovación bien planificada.

Te lo explico todo en este vídeo.

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