La poda es uno de los pilares fundamentales en el manejo del olivar, hasta el punto de influir directamente en alrededor del 50 % de la producción y de prevenir muchos de los problemas habituales en finca. En el contexto actual de escasez de agua, cobra aún más relevancia entender la poda en relación al estrés hídrico, ya que no solo define la forma del árbol, sino su capacidad real para mantenerse productivo con los recursos disponibles.
Durante años se implantaron marcos de plantación estrechos pensando en una disponibilidad hídrica que hoy ya no existe. La reducción de concesiones y el agotamiento de pozos han dejado como herencia copas excesivamente voluminosas y un exceso de madera que el suelo no puede abastecer ni en agua ni en nutrientes. En estas condiciones, incluso con un buen manejo de la cubierta vegetal, la fertilización y la materia orgánica, el olivo entra antes en estrés debido a una copa sobredimensionada.
La clave está en optimizar la relación hoja–madera, priorizando las ramas jóvenes frente a la madera innecesaria. La madera consume agua y energía sin aportar producción directa, mientras que una mayor proporción de hoja mejora la eficiencia hídrica del árbol. La experiencia en campo demuestra que parcelas con volumen de copa ajustado al suelo y a la pluviometría media mantienen olivos más sanos y equilibrados. En definitiva, una poda bien adaptada y una correcta relación hoja–madera son factores decisivos para minimizar el estrés hídrico y sostener la productividad del olivar.
Te lo explico todo en este vídeo.

