La poda de renovación es una herramienta clave para devolver y mantener la productividad al olivar. En parcelas afectadas por estrés, defoliación o manejo irregular, renovar las ramas permite reactivar el crecimiento y mejorar la capacidad productiva. De hecho, una poda bien planificada puede influir de forma decisiva en la cosecha, ya que favorece la aparición de brotes jóvenes más activos frente a la madera envejecida.

La diferencia entre ramas nuevas y viejas es evidente: mientras que los brotes jóvenes presentan mayor longitud, mejor estructura y más potencial de cuajado, las ramas antiguas muestran un crecimiento limitado y menor eficiencia. Esta situación no suele depender de la fertilización, sino de la edad de la madera y de cómo el olivo distribuye su energía. Por ello, la poda de renovación no consiste solo en eliminar ramas, sino en redirigir el desarrollo del árbol hacia estructuras más productivas.

Además, esta práctica debe integrarse con una adecuada gestión de la cubierta vegetal y la nutrición, especialmente en condiciones de secano. Reducir la madera improductiva, mejorar la entrada de luz y aire, y mantener un equilibrio entre suelo y planta permite optimizar el rendimiento. En conjunto, la poda de renovación, acompañada de un manejo adecuado, facilita que el olivar recupere su potencial y estabilice la producción a lo largo del tiempo. Una poda bien hecha nos da el 50% de la cosecha.

Te lo explico todo en este vídeo.

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