¿Te has preguntado alguna vez si los abonos químicos sólidos al suelo son realmente efectivos y rentables? ¿Qué ocurre con este abono cuando se aplica en tiempos de sequía? ¿Qué otras alternativas existen?

La fertilización de un cultivo es uno de los pilares más importantes para conseguir buenas y consistentes cosechas en nuestra finca. Hasta hace pocos meses, los fertilizantes se han ido aplicando al campo casi por costumbre y sin realizar ningún análisis sobre su viabilidad técnica y económica.

Pero, ¿qué ha pasado en este tiempo para que la situación haya cambiado?

Hasta hace unos meses los abonos químicos tenían un precio razonablemente bajo, lo que permitía su uso en los cultivos prácticamente sin pensar sobre la posibilidad de otras alternativas. Desde hace ya unos meses, los precios de los fertilizantes químicos han ido en aumento hasta llegar a triplicarse (como el caso de la urea).

Unido a este problema, nos encontramos en una situación de sequía extraordinaria que nos está haciendo pensar si es interesante o no el uso de estos fertilizantes químicos al suelo.

Por eso, en este artículo vamos a ver la utilidad real de los abonos químicos al suelo, el efecto de la sequía y otras alternativas que tenemos a nuestra disposición.

El abono químico sólido necesita lluvia

El abono químico sólido que se aplica al suelo es un fertilizante granulado que se presenta en forma de sal, siendo necesaria la presencia de agua para que se disuelva y entre en el suelo para que las raíces del cultivo lo tomen.

En épocas de sequía, la escasa presencia de agua de lluvia hace que el fertilizante químico se quede en superficie reaccionando exclusivamente con la humedad ambiental, que no es suficiente para disolver por completo el producto.

En esas circunstancias, el nitrógeno que puede contener el abono comienza a reaccionar de tal manera que se vuelve gaseoso, perdiéndose a la atmósfera.

¿Qué problemas presentan los abonos químicos?

Si me sigues desde hace tiempo sabrás que yo nunca recomiendo el uso de químicos al campo y menos los abonos químicos sólidos. Para que puedas entender el porqué, te dejo algunos de los motivos técnicos (aunque hay muchos otros):

Nitrógeno:

El nitrógeno es uno de los elementos más demandados por las plantas y uno de los que mayores problemas de pérdidas se genera cuando se aporta en forma de químico al suelo.

Esto es debido a la pérdida en forma de Amoniaco (NH3) o en forma de nitrógeno elemental (N2) al convertirse el nitrógeno del abono en un gas.

El nitrógeno en forma de nitrato produce pérdidas en forma de lixiviados (pérdidas en la profundidad del suelo) y por escorrentía superficial.

El nitrógeno en forma de amonio (NH4+) aplicado en forma de abono produce problemas de fijación en las arcillas del suelo o de pérdida por volatización.

Estudios realizados por R. Fernández Escobar demuestran cómo entre el 50% al 75% del nitrógeno químico aplicado se pierde por procesos de lavado. Además, a esto habría que sumarle otras pérdidas como la volatización en forma de amoniaco o nitrógeno elemental.

datos sobre la eficiencia del nitrógeno químico utilizado como fertilizante

Potasio:

En suelos calizos la aplicación de potasio al suelo es escasamente productiva debido a las interacciones químicas que tiene con el complejo de cambio del suelo y el catión Calcio (Ca+2) que tiene saturado estos espacios. Por eso, al aportar este elemento en estos suelos se pueden producir problemas de bloqueo en las cargas negativas del suelo, pérdidas por lixiviación o problemas de absorción por las raíces por falta de humedad en el perfil explorado por las raíces.

El problema que presenta los aportes de potasio en suelos ácidos es que, por falta de arcilla, el nutriente que no es rápidamente absorbido por las raíces se pierde por lixiviación.

Fósforo:

En suelos calizos los aportes de fósforo al suelo son altamente ineficientes. El motivo es porque al entrar en contacto con el calcio del suelo (abundante en suelos calizos) se forma fosfato tricálcico, lo que hace que quede totalmente inútil para el cultivo.

Entonces, ¿es útil el uso de fertilizantes químicos sólidos al suelo?

Estudios de campo muestran que el aporte de abono químico al suelo sólo presenta respuestas positivas en el medio-largo plazo y sólo en aquellos años de lluvia abundante (no en períodos de sequía como el que estamos viviendo). De hecho, en el caso del olivo, se ha observado que tras 10 años de abonados químicos continuos, en años de lluvia abundante se puede observar un aumento de la producción en un 10-15%.

Por tanto, el uso de fertilizantes químicos al suelo es una estrategia de abonado ineficiente, altamente contaminante y, con los precios actuales, muy cara.

Y, ¿qué alternativa tenemos para abonar en años de sequía?

En años de baja pluviometría la fertilización foliar (con productos de origen orgánico) es la estrategia más eficiente.

¿Por qué?

  • Porque no se necesita que haya humedad en el suelo para que la planta tome los nutrientes.
  • Porque no necesita que el abono se disuelva con agua de lluvia.
  • Porque es una fertilización directa y más inmediata.
  • Porque podemos adelantarnos a las necesidades de la planta antes de que aparezca una deficiencia.

¿Qué otro abono existe para el suelo?

Desde mi experiencia y tras haber analizado diferentes compuestos desde un punto de vista objetivo, los fertilizantes orgánicos sólidos para el suelo son la inversión más segura y eficiente.

Este tipo de fertilizantes están siempre disponibles esperando que llegue la humedad. Si llueve sueltan sus nutrientes y si no llueve están esperando que llegue el agua sin perder sus propiedades.

Estos abonos reaccionan con el suelo de forma totalmente diferente, lo que evita todos los problemas que están asociados con los abonos químicos sólidos, que hemos visto con anterioridad.

Entonces, ¿qué estrategia de abonado es la más útil para años de sequía?

La estrategia que yo sigo y aconsejo en estos años secos es la aplicación de materias orgánicas al suelo (no todas son eficientes en este tipo de años) + la ejecución de un plan de abonado foliar que vaya en paralelo a cómo se encuentre la planta y cómo se produzcan las lluvias.

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